Mi sueño en la montaña

 

paracaidas

Por Evangelina Contretras

La luz del día era radiante. Los rayos del sol tocaban como una suave caricia a cada persona y objeto del paisaje que mis ojos podían ver en la distancia. El invierno había sido algo difícil, por lo que la gente estaba feliz de sentir el sol en su piel, dibujaban una sonrisa francamente contagiosa. Ese era el primer día con un clima que podía disfrutarse.

Yo iba viajando hacia un lugar fuera de la ciudad. El lugar al que me dirigía estaba al pie de una montaña y por alguna extraña razón yo había ido allí lista para escalarla. Ropa deportiva, mi arnés y mi bote de agua, como si fuera una experta.

-¡Estoy lista! -Exclamé y me encaminé a la montaña.

Todas las personas que llegaban al lugar estaban en el mismo canal, preparándose para subir. Sus voces eran las de hombres y mujeres plenos, disfrutando cada paso que daban, sus risas llegaban a mi para recargarme de energía.

Y empecé a subir… No había momento en el que no disfrutara mi proceso de escalar. Un paso, el arnés, avance, y nuevamente un paso, el arnés, avance… El cansancio solo me hacía seguir y seguir… querer llegar a la cima.

Las voces de mis compañeros en la montaña eran para disfrutarse, todos concentrados y dando palabras de aliento para que no minara nuestro interés de llegar a lo mas alto de la montaña. De pronto, el fruto de mi esfuerzo. ¡Llegué..! ¡Estaba allí..!

Al llegar a la cima, no podía hacer otra cosa que admirar la maravilla del paisaje. El color del cielo, ¡azúl celeste..! La belleza de los cerros y montañas vecinos con el verde y café fundiéndose en uno. El aire en mi rostro. Me senté al ver el paisaje extasiada con lo que veía a mi alrededor.

Me senté en la montaña y en señal de rendición total ante tal regalo del Universo, cerré mis ojos y medité en silencio. Solo éramos el paisaje y yo.

Cuando abrí mis ojos, no cabía en mi de felicidad. Había mas cosas para admirar. Personas lanzándose de paracaídas y otras viajando en parapente. ¡Toda una fiesta de color! Amarillo, rojo, azúl, morado, rosa… No sabía para donde observar. Disfrutaba cada cosa que estaba sucediendo a mi alrededor y cómo yo me volvía parte de esa belleza, me unía a la imagen siendo un todo.

Por fin, mi sueño. Mi sueño en la montaña.

Todavía al cerrar mis ojos puedo ver con claridad las imágenes de mi sueño, pero y ¿por qué te comparto esto? Hace unos días me explicaban que los sueños nos dan información de nosotros mismos. Tienen una enseñanza para nosotros si estamos dispuestos a aprenderla. Se recomienda que todos los días en la mañana anotes tus sueños en una libreta para poder trabajar con ellos después. La psicología Gestalt tiene un método sencillo para este propósito. No es mi intensión explicarte la técnica en este momento, yo puedo apoyarte a descubrir la enseñanza en tus sueños si así lo deseas. De mi sueño puedo decirte que tiene que ver con el momento que estoy viviendo. Me sentí apreciada y respaldada por un grupo. Siendo parte de algo, de un movimiento. Compartiendo creencias. Conviviendo con otras personas. Me di cuenta que me gusta estar acompañada. Sentirme amada y querida. Y eso es bueno.

¡Ponle palabras al sentimiento!

Leave a Reply