Momentos!

lifecoach

Por Evangelina Contreras

En esta ocasión me permito usar el cuento de Pedro Pablo Sacristán, La princesa de fuego…

Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:

– Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.

El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.

Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante.

Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola presencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente “La princesa de fuego”.

Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días…

Cuantas veces más voy a dejar que la rutina absorba mis pensamientos? Que me robe la capacidad de soñar, de crear? Que sucede en mi cuando la vida pasa a mi lado y no hago nada y permanezco estática?

Esos son ahora algunas de las preguntas que me hago para ponerme en movimiento… Metas, sueños, sueños, metas… Por dónde empezar? Que hago primero?

De niña siempre pensaba que me iba a comer el mundo en pedacitos, que nada ni nadie me detendría de lograrlo, pero al ir creciendo, al ir interactuando con el mundo me indigeste con el primer bocado, me compré la idea de que era demasiado para mí, que no lo merecía, no merecía al mundo; no merecía ser feliz. Y entonces hice que toda mi experiencia de vida girara en torno a esa idea, cualquier suceso negativo que aconteciera era motivo de confirmación de la creencia más cruel sobre mi misma que he generado a lo largo de mi vida. Era un constante devenir en mi cerebro, el juicio acusador… “Lo ves; te lo dije… No mereces ser feliz, no mereces nada bueno!”

No comprendía el alcance de mis propias palabras, el daño terrible que le hacía a mi alma, cada acontecimiento doloroso, humillante, triste generaba en mí, lo que yo creía era mi destino. Ser infeliz.

Creé un círculo vicioso al que permití me robara intenciones, sueños, deseos, podé las alas que todavía no crecían.

Peor aún si acaso llegaba a suceder algo realmente bueno, y de recompensa a mi esfuerzo, buscaba la manera de causar algo que me generara sentimientos de tristeza, desolación… A toda costa debía ser infeliz, tenía que lograr sentirme de esa manera para repetirme hasta el cansancio… “No mereces ser feliz”… Encontraba un gusto particularmente exquisito en el dolor. Esos sentimientos significaban claramente, “yo tengo razón, no merezco ser feliz”. Lo que es lo mismo que, me volví adicta al dolor.

Saber validada mi creencia provocaba en mí el placer que causa en los adictos otros tipos de drogas, solo que mi vicio era el dolor. No había conocido nada que me ayudara a evitar castigarme, seguir lastimándome… pero un buen día llego a mi vida la transformación y el coaching, de la manera más inesperada y extraña, y sin decir “agua va” sacudió mi mundo, mi mente, mi alma… Mi corazón. Me puso un espejo enfrente y me hizo darme cuenta de lo que estaba haciendo… De lo que me estaba haciendo. No podía dar crédito a la costra de mugre que forme alrededor de mi corazón por mi creencia!!!!

Rediseñar la manera en que había operado a lo largo de mi vida no ha sido un camino fácil; ha conllevado constante trabajo personal, trabajo interno, ver adentro, examinarme, ver donde la obscuridad de mi creencia no lo permitía, situación causada por mí misma.

Actualmente he encontrado el camino que me lleva hacia donde quiero ir, no concibo la idea de volver atrás y castigarme nuevamente, aun y cuando hay días malos, momentos difíciles en los que mi vicio amenaza con regresar, el coaching de vida se ha hecho mi aliado, mi guía para cumplir mis anhelos más profundos, mis sueños más preciados, dejar crecer mis alas.

He aprendido que solo tengo un momento, una oportunidad… para crear, para aprender, para hacer…

Tomar mi rueda de mi vida y hacerla rodar…

Te invito a que tomes tu rueda de la vida y la rodemos juntos!

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